Lo ocurrido en Egipto es un auténtico golpe de Estado

 

Hosni Mubarak ex presidente egipcio

Hosni Mubarak ex presidente egipcio

En un discurso transmitido este jueves en la noche por la televisión estatal, el Presidente egipcio Hosni Mubarack dijo que no dimitirá y que creará comisiones para trasladar la autoridad nacional en ‘un marco de veracidad y responsabilidad’.

En tanto, miles de manifestantes continuan exigiendo que se vaya.

‘No voy a salir del país y apoyaré a todo aquel que quiera apoyar a Egipto, en medio de la concordia nacional con la participación de las fuerzas armadas’. El mandatario agregó que no aceptará imposiciones del extranjero.

Hosni Mubarack empezó su discurso a la nación diciendo que la sangre de los mártires y heridos no se va a perder, y que pedirá cuentas a los que han cometido esos crímenes contra la juventud egipcia. Agregó además que comparte el sufrimiento de las familias que han perdido a uno de sus integrantes y que padece también por ello.

Más adelante el presidente egipcio dijo que respetará elecciones libres y que no se volverá a presentar como candidato y que su compromiso es defender y hacer respetar la Constitución del país. ‘Esto es un juramento a la nación y me comprometo a cumplirlo’.

Dijo que se tiene que hacer un calendario temporal para el traslado pacífico de la autoridad de la nación. Para cumplir con ese cometido ha pedido al Consejo Constitucional para cree comisiones que supervise el pedido del pueblo, y que la fiscalía tome medidas legales para su cumplimiento. Para esto delegó sus fucniones de Estados al vicepresidente Omar Suleiman.

La plaza Tahrir ruge “¡Vete!”

Mostrando su decepción y su ira, la multitud, que desde hacía horas abarrotaba el epicentro de la protesta contra el régimen egipcio en espera del discurso de Mubarak, explotó en violentos gritos de “¡Vete, vete!” y “Te vamos a enterrar bajo tierra”.

El aire se impregnaba de agresividad en la plaza Tahrir y empezaron a oírse llamamientos entre la multitud a dirigirse al palacio presidencial y sacar a Mubarak de allí por la fuerza, haciendo temer una escalada de la violencia.

En un esperado discurso televisado, Mubarak, enfrentado desde hace 17 días a una rebelión que exige su renuncia inmediata, afirmó que participará en la transición política hasta las elecciones presidenciales de septiembre, aunque anunció que delegará poderes al vicepresidente Omar Suleimán, sin precisar cuáles.

Dijo asimismo que está determinado a vivir y morir en Egipto, desalentando a los que esperaban que partiese al exilio dejando vía libre a las reformas democráticas.

“¿Donde está el ejército? ¿Dónde está el ejército egipcio?”, coreaba una muchedumbre furiosa que poco antes había oido que las Fuerzas Armadas estaban tomando “las medidas necesarias para proteger a la nación y apoyar las legítimas demandas del pueblo”.

En este mismo lugar, teñido ahora de cólera e indignación, pocas horas antes la multitud se había entregado a una fiesta de júbilo con la casi certeza de que el ‘rais’ anunciaría por fin su dimisión.

“El pueblo quiere juzgar a Hosni Mubarak”, había coreado insistentemente la multitud agitando banderas egipcias, pancartas y fotos

de los mártires mientras esperaba con el corazón en un puño el discurso del presidente.

Unas 300 personas perdieron la vida en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en estas 17 jornadas de lucha, según la ONU.

Los militares desplegados en torno a la plaza, apoyados por tanques, habían dejado acceder libremente a todo el mundo a este emblemático lugar, olvidando los controles de identidad y nacionalidad que se habían aplicado hasta ahora.

Antes de que la plaza se llenase a rebosar, la vasta explanada había dado cabida a múltiples estrados con oradores de todos los gustos, y en un ángulo unos 150 hombres en filas de 30 se concentraron en la plegaria musulmana.

Otros rezaban en grupos pequeños, protegidos por compañeros que los rodeaban dándose las manos para impedir que fuesen pisoteados por la multitud, en una plaza en la que apenas se podía caminar.

La solidaridad entre todos era palpale, y mucha gente distribuía gratuitamente agua y alimentos.

En el fondo de la plaza, un potentísimo altavoz emitía canciones patrióticas que todos coreaban entre un conmocionante estruendo de tambores, palmas y silbidos.

“Revolución, ya, revolución”, reiteraban.

Ranima Azzem, una estudiante de 16 años, acudió a la plaza con sus padres.

“Lo quiero juzgar (a Mubarak) porque ha robado 70.000 millones de dólares”, dice la muchacha, refiriéndose a reportes de prensa.

Su madre, Saura, había vaticinado si Mubarak no “renuncia esta noche, mañana habrá acá en la plaza más de un millón de personas para el Viernes de la Cólera”, convocado por grupos prodemocráticos coincidiendo con el día feriado islámico.

Su padre, Fathi, también opina: “Quiero que Mubarak se vaya del poder pero no del país, porque el pueblo tiene que juzgarlo. Hay que detenerlo y traerlo a la plaza, para que vea que el pueblo tiene más poder que cualquier gobierno”.

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